viernes, 4 de junio de 2010

Cuento Corto:"La espuria de la teta fría"



Era un viernes, creo el último de mes, la verdad sólo lo sé de oídas, porque como apenas tengo dos meses y medio de edad, esas cosas todavía no las manejo muy bien. Mi mamá me puso en mi sillita del coche y salimos rumbo a la casa de mi abuelo Micky para que nos acompañara a varios lugares, entre ellos, a la visita de una escuelita, la verdad no lo sé, sólo los oí platicando a mis papás ayer por la noche de eso.

Salió mi abuelo y me saludo muy cariñoso mientras mi mamá pasaba a saludar a mi “Bisa”. Hacía mucho calor y me sentía un poco incómodo con la ropa que traía. Llegamos al primer lugar y el abuelo se quedo conmigo en el estacionamiento. Seguía sintiendo mucho calor. Después pasamos al consultorio de mi pediatra para recoger una receta y mientras estábamos estacionados empecé a llorar porque el sol me pegaba de frente. Mi abuelo lo notó y me puso una frazadita para evitar la molestia, pero no fue suficiente. El coche que estaba adelante se fue y mi abuelo entonces pudo ponerse en la sombra, ¡que fresco!, deje de llorar. A eso yo lo llamo “Empatía” y sensibilidad, gracias abuelo.

Pasamos al lugar que nos faltaba y sonó el teléfono, era papá, le dijo a mi abuelo que lo recogiera en su trabajo. Cuando llegamos, mi mami me cambio de ropa, ¡que alivio, ya era hora!, me puso algo más ligero y me sentí ya mucho mejor. Los cuatro nos dirigimos al lugar ese que les dije, la escue…, escue-lita, creo. Menos mal que dijo escuelita, si hubiera dicho guardería, me las hubiera olido, y hubiera empezado a llorar. ¡Listo mi papi!

Llegamos, nos recibió una señora muy amable y nos invitó a conocer el lugar. Lo primero que vimos fue un salón con muchos niños de mi edad, le eche el ojo a una bebé muy bonita como de dos meses que estaba dormidita en su silla. Otro me pareció chistoso, estaba sentado frente a un espejo, ¡que tonto!, creía que lo que miraba era a otro niño, pero ¡oh sorpresa! poco a poco se dio cuenta que era él mismo. En total eran como siete u ocho compañeritos y las nanas cálidamente me dieron la bienvenida. ¡Hola Sebastián!

Sé que ustedes se preguntarán como un bebé tan chiquito se expresa como si fuera mayor, pero esto es un truco de imaginación, el cuentista lo hace como si fuera yo. Y otra cosa, es un secreto, no se lo vayan a contar a nadie, pero el cuentista es mi abuelo Micky.

Mis papás pasaron a la oficina de la señora y se pusieron a platicar de cosas de negocios mientras mi abuelo y yo charlábamos y reíamos despreocupadamente. Él estaba fascinado porque era la primera vez que me veía reír. Al rato me empezó a dar hambre y mi mami me dio pecho. Antes de terminar me entró un sueñito y me quede dormido.

Al rato, ya nos estábamos despidiendo de la señora y lo único que escuche fue que nos veríamos el próximo lunes. Mi papi me preguntaba que si me gustaba mi nueva escuelita, más bien mi primera escuelita y yo la verdad no le conteste porque no entendía a que se refería. A poco no es padre aparentar que a veces uno si entiende y otras no, ¡quesque estoy muy chiquito!, gracias cuentista, es un buen punto.

Para no hacerles el cuento largo, acuérdense que es un cuento corto, paso el fin de semana y nuevamente, como suele acontecer, llego el lunes. Ahora si no es cuento, no sabía lo que me esperaba. Iba a vivir mi primer abandono. ¡Noo! ¡El primer abandono de mi vida y apenas tengo dos meses! Que injusta es la vida, mi terapeuta me lo trabajaría años más tarde y para ese entonces a mi ya se me habrá olvidado.

Note a mi madre, intranquila, preocupada, ella no lo sabe, ¡y no se lo vayan a contar!, la cache con lágrimas en los ojos, pero ella se hacía la fuerte conmigo. Ahora si de verdad, no sabía lo que estaba ocurriendo. Sentía como un hormigueo en el estomago y mi garganta se me cerraba. Llegó el momento de la despedida, mi mamá terminó de hablar con la señora amable, y me dio un beso. Fue el beso más cariñoso y hermoso que he sentido en mi vida, pero, ese beso fue el beso de “Judas”. Claro que yo no sabía lo que pasaría horas más tarde, porque nunca me había pasado. Nunca mi madre se había “despedido” de mi, ¡nunca!, les juro, nunca me había separado de ella.

Pero, paso el tiempo, no sé cuanto, y como siempre lloré para pedirle a mi mami nuevamente mi alimento, y ¡Oh Sorpresa!, me tomo en sus brazos otra mujer, otra mamá, una intrusa, una espuria. Se hacía pasar por mi mami, pero no era ella, lo raro fue que el líquido que empecé a chupar era igualito a lo que mi mami siempre me daba, y otra cosa, el pezón que sentí estaba frío y aguado. Lloré, lloré con tanto sentimiento que mis suspiros no me dejaban comer. Yo quería a mi mami, y no iba a tolerar que me engañaran. Pero la usurpadora fue paciente y me gano la partida, cedí y empecé con intervalos a comer y a suspirar, a comer y a suspirar, hasta que me quede dormido junto a una camiseta que contenía el olor de mi verdadera madre, eso también me tranquilizo.

Y así transcurrió mi día, comía y lloraba, lloraba y comía, hasta que finalmente mi sensatez le gano a mi coraje. Me “puse en los zapatos” de mi mami y de mi papi, sabía que ellos estaban sufriendo mucho, que no era yo el único y le empecé a tomar cariño a la extraña del pezón frío.

Por la tarde noche de aquel largo día, por fin llegaron mis papás. Yo no quería ni verlos porque todavía mi enojo me ganaba, ¡si!, estaba enojado, me había sentido engañado y abandonado, pero el nuevamente sentir su calor, su ternura, el oír sus voces, el verlos llorar de gusto porque los tres estábamos nuevamente juntos me hizo olvidarlo todo.

Mañana es posible que vuelva a vivir la pesadilla de hoy, pero cada día que pase, me acostumbraré a que algunos días podré comer del pezón cálido de mi madre y otros solamente, a chupar el pezón aguado y frío de una espuria.

Sebastián, G.V.

7 comentarios:

silvestre dijo...

Está bueno.

Gringa Vieja dijo...

La extraña del pezón frío . . . jajaja.

Espero que sigas siendo secretario para el pequeño Sebastián. Es bonito leer de sus aventuras. Y me encantó la foto.

Miguel Matus dijo...

Gracias Silvestre y Gringa Vieja, lo disfrute, lo que más me gustó fue el título.

Unknown dijo...

¡Que ternura de texto! Pudo como encantarme todo el relato que hace Sebastian de su primera experiencia con ese helado y desagradable pezón artificial, realmente así se deben sentir los inocentes bebés con su primer experiencia con la mamila. En cuanto a su entrada a una guardería, se me puso la carne de gallina con lo que él pudo haber sentido al verse separado de sus queridos padres. Creo que tu empatía de abuelo sobrepasó los límites de la ternura. Te felicito

Miguel Matus dijo...

Muchas gracias Patita, tus comentarios me alientan para seguir escribiendo temas humanos cotidianos.Saludos

Unknown dijo...

Aqui coincido con Andrés, mientras mas natural, mas padres tus escritos

Miguel Matus dijo...

Gracias bitcartuchos, me da mucho gusto verte por acá y que bueno que te gusto.