domingo, 18 de marzo de 2012

APRENDER A TRASCENDER




Aprender duele. No puedo quedarme en el mismo lugar, ni ser el mismo después de haber aprendido. Mientras más aprendo, más callado me quedo, observando fijamente hacia una línea lejana, que está más cerca del silencio de lo que yo me imaginaba.

La tarea que tengo que hacer después de empezar a ver lo que antes no veía, tiene que ver con un nuevo amanecer “solitario” que me hace sentir en detalle la vida, pero no la de siempre, la otra, la real.

Estoy sintiendo un cambio de piel, una metamorfosis que presencia la muerte del un capullo agonizante. La muerte de ropas y disfraces que me permitieron representar el juego de la vida. Como el rol de hijo y su dependencia formativa; el rol de esposo y sus intentos de complementariedad; el rol de padre con su seria máscara de autoridad; el rol de estudiante, de profesionista, de ciudadano, de feligrés, y todos los roles que la sociedad me fue imponiendo hasta casi fundirme con identificaciones heroicas.

Está muriendo el gusano anciano en su precaria condición, en el primer acto de su vida, para dejar paso a la mariposa colorida y alegre que tendrá que cerrar el segundo acto y final de tan sólo este capitulo. Muerte y renacimiento de dos aparentes extraños, siameses que ocuparon el mismo cuerpo, sin darse cuenta que eran dos. El que se creyó único, fue cegado por su orgullo, aparentando desconocer a su rival - con la posibilidad - de que con su aparición, encontrara la muerte.

Es curioso sentir al mismo tiempo tristeza y gozo; duelo por una vida que ya no tiene sentido, que se está muriendo y por lo mismo duele, junto con un renacer de aquel que hasta ahora no había tenido la oportunidad de manifestarse vivo. Dos nacimientos en un mismo cuerpo; el primero recubierto de sombra, el segundo de verdad. Dos cordones umbilicales que se tienen que romper, y sólo el segundo lo puedo romper yo, si quiero, porque puedo quedar atrapado al primero.

Aparece en mí una sensación extraña, tan extraña como si no fuera mía, que cuestiona la rigidez mental de la costumbre e invita a trascender un nuevo estado de conciencia. Volverse en el caminante incansable que soy, porque sólo deje momentáneamente de serlo, para aprender. Deje mi efímera memoria local, para dar posibilidad a esa memoria cósmica que viaja conmigo y registra fielmente esos miles de caminos recorridos.

Atreverse a renacer es condición de conciencia, de ver la gracia del karma como oportunidad de aprender, de regresar al Dharma que nos lleva de regreso a casa. Trascender la ceguera de la inconciencia para finalmente poderle sonreír a la vida.

Por último me falta aprender a corporal izar mi nueva conciencia para darle sentido a mi creatividad y sensibilidad humana.

Gracias vida porque el segundo acto ya a comenzado.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Se respira un ambiente raro




Yo no sé si lo perciben o se han dado cuenta que vivimos tiempos raros, diferentes a otros en donde se podía ver más armonía, tranquilidad; no sé que palabra usar para decir que los tiempos han cambiado para mal.

Se respira una atmosfera agresiva, contaminada (y no es el smog), que nos hace tener una conducta a veces hasta violenta. Observen cuando van manejando, en el tráfico, los de a lado, por cualquier cosita se ponen como energúmenos, (definición: “Personas poseídas por el demonio”). Ven, pues literalmente se ponen como poseídos. Ya no hay tolerancia, el “pase usted primero” no se ve. Una vez manejando, y sin saber la causa, los ocupantes de un coche me empezaron a decir, no sé que tantas cosas y haciéndome señas (no los oía porque la ventana estaba cerrada) con una cara de “odio”, como si yo les hubiera matado a un hijo con tormentos, algo totalmente desproporcionado e ilógico. Imagínense las “Lady de Polanco”, o de las Lomas, insultando a policías y empleados de un antro. Bueno en este caso el detonador es el alcohol, pero en el otro…, les digo que es el efecto de estos tiempos.

Los proyectos se atoran, no salen, el flujo de dinero esta paralizado, no llega lo que con tanta ansia esperamos. La Sombra ronda nuestros espacios, se respira egoísmo más que en tiempos “normales”, un ambiente casi primitivo, cavernario, mejor dicho, carcelario. Yo nunca he estado en una cárcel (toco madera), pero lo que vemos en las películas ha de ser horrible. Creo que Saramago podría describir magistralmente lo que estoy tratando de decirles (Ej. “Ensayo sobre la ceguera”).

Vivimos tiempos de mucha ignorancia, (ya vieron la película “De Panzazo”, o la de “Presunto Culpable”, ó Operación Delfín). No hemos podido crear un Sistema Educativo de Calidad, los Poderes (político, religioso, monetario, social, etc.) se ensañan con sus súbditos, la Tolerancia se fue de vacaciones, el sentido de Humanidad está en sus peores momentos, hablamos de una Apocalipsis de creatividad, inteligencia, y principalmente de CONCIENCIA.

Nuestros jóvenes cada vez son más “NINIS”, los sistemas económicos y sociales están conflictuándose, el consumismo y la mercadotecnia se apoderan de nuestros sentidos de “discernimiento”, en occidente vuelve la esclavitud (claro con otra cara), en oriente la pobreza e ignorancia.

Se preguntarán, que le pico a este, amaneció de malas, su visión catastrófica y pesimista está exagerada. Pues la verdad no me gusta lo que veo afuera. No comparto lo que está pasando hoy en día con la sociedad. Y yo no puedo cambiar esta realidad, pero lo que sí puedo cambiar es mi realidad interior.

Las crisis y los conflictos están hechos para cambiar y no para sucumbir. Vivimos tiempos de crisis: crisis económica, de valores, social, humana, de conciencia. Es una plataforma que nos da la oportunidad de cambiar, de tener una visión índiga (estado superior de evolución humana y avance espiritual) necesaria para captar nuestro potencial (“como es arriba, es abajo”).

Cambiar es vencer la situación karmática y salir triunfante. Responder a la resiliencia (capacidad para sobreponerse a las situaciones difíciles) con inteligencia y conciencia.

Hoy más que nunca quiero refugiarme cinco minutos junto al mar, tocar la espuma de su vaivén pateando sus olas, caminar por la playa hasta tocar el punto donde ya no alcanza mi visión, ponerme un traje de naturaleza y bailar con la luna como eternos amantes. No quiero saber más de lo que pasa en el mundo, y como las avestruces, meter mi cabeza en un hoyo para desaparecer lo que no me gusta, tan sólo por cinco minutos, no más, porque cinco minutos significarán la eternidad.

Es cuanto