
Con su llegada se abría un mundo mágico de nuevas expectativas, una nueva forma de comunicación para inventar eventos, acercamientos con los demás, lenguaje que habla de amores e historias tiernas, a veces hasta dolientes y longevas. Una energía vivaz que brinca de emoción, un cuenta cuentos que distrae tristezas y plantea viajes a la infancia de los recuerdos. Una constante ojeada interminable que lo veía todo, deteniéndose a ratos en sitios de especial interés.
Ese viernes fue la culminación de un proyecto, de una aventura que comenzó como un juego en el 2008 y terminó de un embarazo de alto riesgo, no precisamente por la edad, sino por el descubrimiento del alma personal que a veces suele no entenderse. Es plasmar un quién eres, desnudarte por completo para que sepan tus sentimientos, tus secretos, tus verdades y hasta a veces tus locuras.
Fue en su última etapa, un viaje al mundo editorial que para mi había sido desconocido, resultando todo bellamente - más que placentero – un éxtasis. Solo eso te llevas de la vida, experiencias que algunas veces fueron, solo tan ligeras como un saludo y otras tan intensas, tanto como un mar embravecido de olas delirantes. No dejes que la vida se vaya sin atreverse a vivirla. ¡Que duele!, claro que duele, pero después ni cicatriz deja. Atreverse a amar, dejar en la memoria del alma un beso apasionado que no se olvidará jamás. Hacer el amor mirando unos ojos enamorados, reflejados con la luz de la luna intrusa.
Atreverse a concebir un hijo, realizar un viaje, crear un proyecto. Atreverse a mirar de frente el alma y olvidar los fantasmas que no fueron tan reales como las mismas fantasías. Atreverse a vivir, tan solo eso, atreverse a vivir.
Gracias a éstos “Los andares de Miguel Matus” que me dan la oportunidad de sentirme vivo, de haber plasmado una parte de mí en un pedazo de papel y que tal vez con el tiempo, termine arrumbado en un librero junto con Saramago, Eduardo Galeano, Carlos Castaneda, Enrique Barrios, Eckhart Tolle y muchos otros más.
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