domingo, 15 de marzo de 2009

¡Los Viajes Ilustran!


Por fin me encontraría con mi hermano en la explanada de la Alhóndiga de Granaditas. Habíamos estado hablándonos por el celular pero no coincidíamos. O el estaba en León o yo estaba visitando lo tradicional de la ciudad de Guanajuato.

Poco nos vemos, tal vez unas dos veces por año y nuestra comunicación se ha convertido en un simple y frío vínculo cibernético y telefónico. No hay como el abrazo fraterno de palmadas que dicen te quiero, y ese mirar más allá de los ojos, hasta casi los afectos y esa cercanía que mide las expresiones que salen de la emoción.

Claro que el celular es muy útil, tal útil como para que se faciliten los encuentros…
Suena el mío, ¿Dónde estás?, Ya estoy en la Alhóndiga.
Rastreo visualmente el panorama y rápidamente doy con el. Pero no fueron mis ojos los instrumentos para hallarlo, fue la energía que percibí.

Es como dejarse ir, sin pensar, sin utilizar mucho los sentidos. Dejar que la intuición o el instinto funcionen. Estaba ahí, a un costado de la Alhóndiga, con el celular pegado al oído, con una sonrisa que no le pude distinguir por la distancia, pero sabía que sonreía.

Tantas veces me han dicho que la “sangre llama”. Que el haber nacido y crecido de la misma familia crea vínculos y afectos. Distingue los extraños, de los cercanos consanguíneamente. A veces no lo he creído tan de cierto porque podemos referirnos también a los afectos de amigos y parientes escogidos. Pero hoy, en la Alhóndiga, con cientos de personas extrañas, yo sabía exactamente donde se encontraba mi hermano.

Nos acercamos y con un abrazo, refrendamos nuestros afectos. Fuimos a comer, paseamos por el mercado, nos intercambiamos información pendiente y al final, en una alegre plazoleta, nos despedimos.

Un encuentro breve a la distancia, que me enseño apreciar, no se si fue su soledad, su tristeza o tal vez su alegría. Lo vi tan de cerca, como tan de cerca se puede ver el alma. Lo toque, empatice su alejamiento y me hice amigo de su andar distante.

Que inconscientes frecuentemente somos, que dejamos de caminar saboreando la miel de la vida. Sin darnos cuenta de los detalles que nos hacen ser lo que somos. Estar en lugares en donde, antes o después, suceden cosas muy significativas e importantes.

Como por ejemplo, recordar que en la Alhóndiga de Granaditas estuvieron colgadas. Si, ¡Colgadas!, para exhibir los símbolos del poder, durante 9 años y 8 meses las cabezas de cuatro hombres que lucharon por la independencia de México: Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama y Mariano Jiménez.

Me preguntarán mis fantasmales lectores, ¿Qué tiene que ver el suceso histórico de las cabezas colgadas en la Alhóndiga con el encuentro con mi hermano. Pues nada. Pero salió a colación el estar concientes de nuestro andar. De no caminar como idiotas por la vida, como turistas típicos que sólo ven lo que les dejan ver. Dejarse sentir el respeto y la admiración por la lucha de algunos hombres. Dejarse sentir la filiación amorosa por algunos cercanos.

Como por ejemplo, otro detalle vivido en mi viaje a Guanajuato, fue cuando estábamos en el Callejón del Beso, si, ese callejón angosto donde los niños autóctonos cuentan la historia de Romeo y Julieta guanajuatense. La del amor de Carmen, rica española, con Carlos, minero pobre. Por la corta distancia de sus balcones, se besaban a escondidas de sus padres. Una noche, ¡chin, que los cachan!, y el padre de la doncella, con una daga española, mata a su hija delante del novio. Shakespeare también lloró esa noche.

Pero a lo que voy, es ver a la gente en ese lugar. Van muchos chavos de primaria y secundarias en visitas guiadas. Aprovechan para besar públicamente a la novia o al novio, cuando son heterosexuales y a la pareja, cuando son homosexuales. Se vive un ambiente de relajo, ¡Que importan las leyendas! Lo importante es sonreír y besar. También, gozar con porras y gritos el beso prolongado de dos viejitos enseñando la pasión. ¡Eso es un beso y no chingaderas…!

Por hoy, mis queridos lectores imaginarios, solo me resta decirles que: ¡los viajes ilustran!, viajemos pues. Saludos, y ¡Viva Guanajuato!

viernes, 20 de febrero de 2009

¡Quememos las Burkas!


¿Qué decir de las mujeres en el Régimen Talibán de Afganistán, de antes y quizás hasta de ahora? ¿Qué se sentirá ser mujer ahí adentro de su burka? De por sí, que las mujeres en el mundo, viven en un sistema dominado por los hombres, allá, en esas tierras, pasan a ser tratadas, peor que animales.

Pareciera que sólo son féminas escondidas que deambulan por los caminos polvosos de esas calles destruidas por la guerra y la pobreza. Fantasmas que esconden su ser, porque para ellos y PARA ELLAS, lo que son, no puede verse a los ojos de la “decencia” y la permisividad social.

Costumbres, creencias religiosas, “formas de vivir”, formas de esconder. Esconder lo que para algunas religiones es pecado: El cuerpo, sobre todo el femenino, que es el pecado mismo, según ellas. Sé casi nada de las costumbres en Afganistán, pero creo que los humanos tenemos rasgos comunes en general, sin importar el origen étnico. Las mujeres, son mujeres aquí, en Afganistán y en cualquier parte del mundo. Quiero decir con esto que no creo que las mujeres talibanes sean como las extraterrestres mujeres, ¿Verdad? Claro que el territorio marca y determina nuestro pensamiento y nuestro actuar, pero son esos rasgos comunes los que nos hacen ser humanos. Pero con los Talibanes se observa la ignorancia de un mundo, que de un lado machista y misógino actúa “dominando” y del otro, las “dominadas”, las que visten con su burka.

La ropa marca la moda, cubre el pudor, protege del clima, establece un estatus, define características culturales, marca libertades y enclaustros. La ropa habla por sí misma, pero también a veces calla.

La piel necesita que la acaricie el sol y el viento. Los cuerpos nacieron para tocarse, para acariciarse, a veces hasta para dejarse ver. Por eso amo a Dios, porque Dios es un cachondo. Dios creo el cuerpo, y a éste le puso el ingrediente del placer. Nuestra naturaleza humana es más que corpórea, pero corpórea al fin.

Te voy a compartir, lector imaginario, algunas de las restricciones impuestas por el régimen talibán a las afganas, según la denuncia de la Asociación Revolucionaria de Mujeres de Afganistán (RAWA):

- Las mujeres sólo pueden trabajar en su casa.
- Cualquier actividad que hagan fuera de su casa debe ser acompañada por un pariente cercano (padre, hermano o marido).
- No pueden ser atendidas por médicos hombres.
- No pueden estudiar en ninguna institución educativa.
- Tienen que vestir obligatoriamente un largo velo (burka – no de colores vistosos), si no lo hacen serán azotadas.
- Lapidación pública a mujeres acusadas de mantener relaciones sexuales fuera del matrimonio.
- No se pueden pintar las uñas, si lo hacen, pueden amputarse los dedos.
- No pueden hablar con ningún hombre que no sean su mahram (pariente cercano).
- Un hombre no debe oír los pasos de una mujer (tacones).
- No puede practicar deporte o entrar en cualquier centro o club deportivo.
- No puede lavar ropa en los ríos o lugares públicos.
- No pueden asomarse a los balcones de su casa. Las ventanas tienen que ser opacas, para que desde fuera no puedan ser vistas.
- Las mujeres no pueden ser fotografiadas ni filmadas.

Pero, en esta forma ignorante de sociedad, los talibanes también tienen restricciones que imponen a los hombres, claro no son tan duras como a las mujeres.

Que más les puedo decir… ¡Quememos las burkas!

domingo, 8 de febrero de 2009

" El Niño con Pijama de Rayas"


Nuevamente les hablaré a mis lectores imaginarios de una película. Una película con un final paralizante, escalofriante, que nos deja de una sola pieza, simplemente mudos y obligatoriamente reflexivos.

La historia nace en la novela de John Boyne – The Boy in the Striped Pyjamas - acerca de una visión sobre el holocausto, sobre los campos de exterminio de Auschwitz, sobre las cámaras de gas, sobre la segunda guerra mundial. Una historia más acerca del lado oscuro de la humanidad.

El contrapeso, dos niños de entre 8 y 9 años, en un campo de exterminio, con una diferencia que no influye en sus destinos: Un niño judío que vive dentro (Shmuel- protagonizado por Jack Scanlon). El otro, un niño alemán (Bruno – Asa Butterfield) que vive fuera de la malla con púas. Los une la inocencia infantil preñada de amistad.

Mark Herman capta en su película la voz dramática de John Boyne y le da sentido a través del grito desgarrador de la madre del niño alemán (Vera Farmiga).

A diferencia de la película de Roberto Benigni: La vida es Bella, en la que el padre (Guido) va llevando a su hijo (Jhasua) a un juego en el que sólo ganará si no se deja ver por los “gruñones” guardias alemanes, en un campo de concentración. El ganador recibirá un tanque de guerra. El padre fabrica en la imaginación de su hijo, la historia. En la película: el Niño con Pijama de Rayas la historia nace de la inocencia de los niños.

A los mayores les ciega el deber y la patria. Los ascensos del jefe de familia en la milicia nazi, representados en fiestas familiares de gran pompa. La esposa, orgullosa de su marido, lo sigue ciegamente, sin darse cuenta del engaño. Engaño que le destrozará desesperadamente los principios y valores del éxito. Perderá, no sólo a un hijo. Perderá más que todo, hasta quedarse en un vacío, que es probable que sólo lo supere con la locura.

viernes, 6 de febrero de 2009

" Te acuerdas de..."


¿Se acuerdan mis queridos lectores imaginarios que en mi último post les conté acerca de una viejita que no quiso participar e instigó a varias a no entrar al taller? Pues ahora y aún sin ellas, la sesión pasada fue alegremente rememorativa.

Si, nos fuimos directamente a los recuerdos. Mis alumnas no se acordarán de lo que hicieron en la mañana, pero… son expertas de lo que vivieron hace muchos, muchos años atrás.

Y los papelitos empezaron a pasar. El primero decía:
¿Te acuerdas cuando zurcían las medias?
¡Claro, como no! dijo la viejita en turno. Con un vaso, una aguja, expertes y buena vista, había personas que se dedicaban a arreglar las medias.

¿Con un vaso? Levante la voz, ¿No lo hacía con un huevo?
No, me contestó sonriendo burlonamente por mi ignorancia. Con un huevo, que regularmente eran de madera o de mármol, se zurcían los calcetines.
Cierto, corregí sonrojado.

Y prosiguió su cátedra sobre el zurcido… Antes, las medias eran muy costosas y no las hacían de “useseytirese” como las de ahora.
Un nuevo comentario entró al ruedo de otra participante:
…me acuerdo de la raya de atrás de las medias.
¡Uy!, dije para mis adentros recuerdos lujuriosos, esto si que se está poniendo bueno.
Estas rayas se pintaban en la parte posterior de las piernas.
¡Cómo! Volví a levantar la voz, ¿Qué no eran parte de las medias?
No, me dijo la viejita. Con mucho cuidado se pintaban con un pequeño pincel.
Yo quiero ser pintor, pensé, continuando con mi desatada lujuria interna.

Antes, inquirió otra senil participante, no había pantimedias, las medias de sujetaban a una liga o liguero.
Síganle, síganle, queridas expertas en zurcidos.
Y de pronto, mi compañera gerontóloga sacó la segunda tarjeta.
¡No me hagas eso, por favor!, no me cortes la inspiración, me dije a mi mismo.

¿Te acuerdas de los tranvías de antes? Se le preguntó a la segunda participante.
Claro, unos venían del centro, otras iban a Mixcoac, recuerdo que eran muy ruidosos.
Interrumpió un caballero participante: Recuerdo que me iba de mosca en la parte trasera de los tranvías y cuando se percataban de mi presencia, me golpeaban los nudillos para que me soltara.
¿Con el tranvía andando?, le pregunte.
Claro, éramos tremendos de chamacos.
Corregí mi preocupación, por el daño que se pudieran causar con esa caída, porque me imaginé que la velocidad de esos tranvías no era la misma que la del tren bala. Ji, Ji, reí socarronamente para mí.
Una alumna un poco más senil que las otras, agregó: Y también había tranvía de mulitas.
Que tierno comentario pensé, casi ya llegamos a los comienzos del mil novecientos. ¡Que viaje imaginario tan ilustrativo!

Y vino la tercera tarjeta.
¿Te acuerdas de las avenidas con camellón?
Y los comentarios entraron a tropel. Si recuerdo la de Cuauhtémoc. La de Bucarelli, la de Reforma, la de Coyoacán.
Y otra más: ¿Se acuerdan del Regente Uruchurtu?
Y más: ¿Se acuerdan de las serenatas?

Y el suspiro de las damas no se hizo esperar.
¡Siiiii!, me acuerdo de mi primer novio, de las serenatas que me llevaba mi esposo, que en paz descanse, que románticas eran. Y a sus caritas se les iluminaron amplias sonrisas.
…“Despierta, dulce amor de mi vida…”. Largo rato nos quedamos con esos recuerdos. Unas lo hacían participe, otras sólo lo lloraban, las menos, se quedaban mudas pensando en aquellos tiempos…

Y la hora llegó a su fin. Los recuerdos volverían a guardarse en la lúcida memoria longeva de los protagonistas. Las lágrimas intrusas se irían a dormir, para dejarle paso nuevamente a los silencios, a la rutina, a la realidad presente de los olvidos…

martes, 3 de febrero de 2009

"Yo creo que es porque no quieren pensar..."


En estos, poco más de tres años, he aprendido muchas cosas de los adultos mayores, principalmente de mujeres jóvenes de la tercera edad. Muy de cerca los he visto llorar y reír, tan cerca, que a veces sus lágrimas se confunden con las mías. Tan cerca, que las risas se oyen a dueto. Mis oídos se han hecho muy receptivos a sus historias, a sus necesidades. Y mis hombros han servido de apoyo a sus angustias.

También me atrevo a creer, que en algunas ocasiones, sus fantasías se han visto representadas en sus húmedos sueños, con despertares juguetones y atrevidos. Pero todo se vale, en el mundo onírico de las sombras, en el mundo real de los atardeceres.

He conocido, tanto gente que apenas estrena su credencial de “ancianidad prematura” del INAPAM, (antes INSEN), como longevos de más de cien. Dos mundos distantes con la misma credencial, pero con realidades, que los hacen hasta incompatibles. Por eso, hablar de adultos mayores, no es hablar de una condición humana que los agrupa, es referirse a una simple cronología de años vividos, que hace muy compleja su apreciación.

A diferencia de los factores comunes de los niños y adolescentes, incluso de los adultos jóvenes, los adultos mayores comprenden tantas diferencias, como ángulos queramos ver. Frases simplistas como: “todos los hombres son iguales”, “las mujeres son difíciles de entender”, “los mexicanos son…”, o refranes deterministas como: “Árbol que crece torcido, jamás su tronco endereza”, nos hacen perder de vista las diferencias. No podemos sumar manzanas con peras, aunque ambas sean frutas.

Aprendamos a observar el toque personal que nos distingue. La educación se torna de masas y cuando alguien se sale de los estándares, lo catalogamos como desadaptado.

Pero volviendo al asunto de los adultos mayores, es necesario distinguir peculiaridades que los agrupan. No todos los adultos mayores son seniles, ni todos son incapaces para hacer equis cosa, ni todos cuentan con una gran experiencia y sabiduría, ni todos son un estorbo. Claro que para comprenderlos no tenemos que hacerlo con cada uno de ellos. Podemos agruparlos por características comunes.

La edad y condición física son importantes. Por ejemplo de 60 a 70, muchos conservan energía y fuerzas para valerse por sí mismos. Yo los llamaría: Jóvenes de la 3ra. edad. La seguridad de una pensión digna, les trae tranquilidad en sus vidas, de otra forma sólo angustia y desasosiego. El contar con un espacio propio para vivir, les proporciona la calidez de un hogar, los que no lo tienen, viven en el desamparo. Los asilos, albergues y residencias, los hacen extraños de sus terruños. El contar con una familia cariñosa y comprensiva, los hace sentirse incluidos y aceptados, los que no, son huérfanos seniles. Las enfermedades son compañeras dolorosas e indeseables de su andar, en cambio la salud, les ayuda a caminar erguidos.
Las actitudes les marcan su camino, si es positiva la risa les acompaña, si es negativa su andar es sombrío y triste.

De 70 a 80 años, se forma a veces un espacio para que quepa la adaptabilidad, sabiduría y tiempo de revisión. No tienen que caminar tan rápido como los jóvenes, la lentitud les da sobriedad.

Después de los 80, empiezan las traiciones. La fuerza, las rodillas, los pulmones resollan de gordo. El cuerpo respinga y se niega a veces a seguir el juego de la vida… pero, la función tiene que seguir, y algunos se acostumbran a sus dolores y los hacen de su cotidianidad.

En fin, hay de todo en este tema tan joven de los adultos mayores, que les contaré una anécdota, de la residencia en la que doy un taller de Desarrollo Humano.

Un martes, como todos mis martes por la tarde, llegue a la residencia y varias señoras ancianas estaban plácidamente sentadas en una sala anexa al salón en donde doy la clase. Salude cariñoso como todos los martes y las invite a pasar al salón. Una de ellas, con cara de malos amigos lidero la decisión y se negó a moverse. Pero no solo ella, como cinco señoras que estaban ahí, también se quedaron inmóviles. La líder impávida las miraba sosteniendo sus voluntades y retando mi invitación.

En fin, pase al salón y abrimos el taller con pocas señoras entusiastas. Les pregunté si ellos sabían el por qué de sus compañeras de no querer participar. Y una de ellas me contestó: “Yo creo que es porque no quieren pensar…”

Efectivamente, hay algunos adultos mayores que no quieren pensar, que no quieren reír, en pocas palabras que no quieren vivir, aunque también se dan en otras edades. Pero afortunadamente en mi grata experiencia con adultos mayores, la mayoría me han sorprendido gratamente con su entusiasmo y ganas de participar con la vida. Por eso, mis amigos y amigas, hay Desarrollo Humano para rato. Gracias.

miércoles, 21 de enero de 2009

"...Y LA HISTORIA NOS JUZGARÁ"


El 23 de Junio de 1867 el cadáver del Archiduque Maximiliano, Emperador de México, era embarcado en la misma fragata Novara que tres años antes había sido testigo de su sueño imperial.

A las 11:30 de la noche del día 14 de Junio fue pronunciada la sentencia de muerte de Maximiliano. El Presidente de la República Licenciado Benito Juárez, dijo: ¡Ahora o acaso nunca, podrá la República consolidarse! Se le negó el indulto y sólo le fue concedido tres días más de vida.

El día 18, la princesa Salm de rodillas ante el Presidente Juárez imploraba piedad para Maximiliano. (Quién había de decir, que en 1816 un muchacho de 10 años, calzón blanco, guaraches, gabardina de chomite, cuidaba en la cierra de Ixtlán a las vacas, hablaba zapoteca y no conocía el idioma castellano, llegaría a ser Presidente de la República y que a sus pies se postrara suplicante una princesa europea).

A las 7 y cinco minutos de la mañana del 19 de Junio, fueron fusilados en el Cerro de las Campanas de la ciudad de Querétaro, Maximiliano, Miramón y Mejía.

Recordando como se inicio ese sueño imperial, el 3 de Octubre de 1863, nos ubicamos en el gran salón del Castillo de Miramar en Trieste, donde 10 mexicanos (conservadores mochos, monárquicos, adinerados, acomplejados, extranjerizantes, cobardones) y la jerarquía eclesiástica, formaban la comisión que ofrecía la Corona de México a Maximiliano.

Urgidos siempre de que alguien viniera del exterior y los salvara de pensar y vivir por su cuenta, de asumir los riesgos de apasionarse por un país que tendrían que vivir como responsabilidad propia. Un país que se aferró a una concepción sufriente, limosnera y dadivosa de la Divinidad, postergó su felicidad para la otra vida y se resignó a una existencia de docilidad, mansedumbre, aguante, refunfuño y dios dirá y dios mediante y dios quiera y cuando dios amanezca.
Estos dizques mexicanos necesitados de que algún príncipe extranjero los aliviase de ser libres, de ser maduros y de sentirse mexicanos.

Carlota Victoria Clementina Leopoldina, Carlota de Bélgica, esposa de Maximiliano le animó a que aceptara el título de emperador que le daría el nombre de Maximiliano I, sin imaginarse que tan solo tres años después, esa fatídica decisión los llevaría, ella a la locura y a su marido a la muerte.

Los gastos que originaron las recepciones en Veracruz y México fueron $115,348.41. Entre los primeros decretos que expidió Maximiliano fue asignarse un sueldo de millón y medio de pesos anuales y a la Emperatriz 200 mil pesos. El 18 de Julio fue reformado el escudo mexicano en donde el águila quedo dentro del escudo imperial.

Y todavía nos preguntamos, por qué el Presidente Juárez mando fusilar a Maximiliano.
Por último quiero invitar a la reflexión con unos párrafos de la carta que Juárez envía a Maximiliano el 28 de Mayo de 1864:

“Me dice usted, que abandonando la sucesión de un trono de Europa, abandonando su familia, sus amigos, sus bienes y lo más caro para el hombre, su patria, se han venido usted y su esposa Doña Carlota, á tierras lejanas y desconocidas, solo para corresponder al llamamiento espontáneo que le hace un pueblo que cifra en usted la felicidad de su porvenir.

Admiro positivamente, por una parte, su generosidad y, por otra parte, ha sido verdaderamente grande mi sorpresa encontrar en su carta la frase llamamiento espontáneo, porque ya había visto antes, que cuando los traidores de mi patria, se presentaron en comisión por sí mismos en Miramar, ofreciendo á usted la corona de México, usted no vió en todo eso más que una farsa ridícula, indigna de ser considerada seriamente por un hombre honrado y decente.

Yo he sufrido, francamente, una decepción: yo creía á usted una de esas organizaciones puras, que la ambición no alcanzaría á corromper.

… el traidor ha sido guiado por una ambición de mando y un vil deseo de satisfacer sus propias pasiones y aun sus mismos vicios; ¿Es dado al hombre, señor, atacar los derechos ajenos, apoderarse de sus bienes, atentar contra la vida de los que defienden su nacionalidad, hacer de sus virtudes un crimen y de sus vicios propios una virtud? Pero hay una cosa que está fuera del alcance de la perversidad, y es el fallo tremendo de la historia. Ella nos juzgará”.

Soy de Ud. Atento y seguro servidor

BENITO JUAREZ

martes, 13 de enero de 2009

Recuerdos de una tarde en mi ataúd


Hace dos días me encontraba en mi ataúd, tratando de morirme.
Muy quieto, con mis brazos cruzados sobre el pecho y una silenciosa respiración.
Era oscuridad casi total, sólo mi conciencia presente, como una pequeña flama, irrumpía su reino.
Sí, deseaba esa oscuridad de muerte, esa real y majestuosa muerte que me ayudara a morir.
Con ropas negras como testigos acompañantes, viajarían conmigo en mi viaje y serían los atuendos de mis huesos y de mi alma.
Muerto estaba ya y sólo me encontraba.
Mi conciencia había salido a su propia muerte y me dejaba sólo con la mía.
Negro total, paz total, muerte total, vivía yo en mi ataúd.
Era ya parte de la nada.
Nada había conmigo ni yo mismo estaba ya.
Huecos oscuros y silencios sin tiempo cantaban juntos mi muerte.
El tiempo moría conmigo, mis negras ropas, mis sueños oscuros, mis lágrimas negras, mi conciencia amiga y enemiga moría necesariamente a mi lado.
Como amantes moríamos de la mano juntos.
Mi eterna conciencia me dejaba, me dejaba morirme sólo, para que ella muriese después, un segundo después.
Como Romeo y Julieta en la tumba de Shakespeare.
Y continuaba mi muerte como fiesta interminable de continuos silencios olvidados y solos.
Muerte real ahora era mi muerte de siempre, mi muerte cotidiana de todos los días moría por fin. Esa sí era una muerte seria, no chingaderas de muertes inconscientes de vida.
Muerto todavía seguía esperando, esperando, esperando…

A lo lejos se oían voces mundanas que me buscaban.
Sin darme cuenta de que existieran aún, abrí mis ojos en la oscuridad, y pude ver el Sol.
Mi cuerpo nuevamente yo sentía, y veía mi conciencia como una bella mujer que me sonreía.
Se acercaba majestuosa, y tiernamente me abrazaba y con ese abrazo se perdía en la inmensidad de mi alma.

Conciencia mía nueva vida corría,
sangre viva me nacía en mis venas
y mis ojos podían ver lo invisible.

Despertaba de un sueño de vida o de muerte, no lo sé, pero despertaba al fin.
Y a mi lado mi conciencia estaba nueva conmigo.
Ambos renacidos volvíamos con la naturaleza otoñal que habíamos dejado dormida, y ahora el otoño estaba cubierto de colores amarillos, naranjas y rojos bajo el Sol.

Mi piel recobraba su color y nuevamente percibía el calor de la vida.
Y recuerdo que lloré, gustoso de volverme humano otra vez.
Regresaba para comenzar mi reinado, después de haber visitado la muerte, amiga sabia de viajes oscuros.

Era ya el hoy del ayer que siempre debió haber sido.
Era y es mí hoy y siempre mío.
Es mi renacer y mi olvido, de lo que ayer como testigo,
se murió hace dos días en ese ataúd, que no era mío.