sábado, 31 de diciembre de 2011

¿Cuántas veces la historia se repite?




En el recuerdo mi padre era ausente de mi amor,


como ahora lo es mi hijo, con el mismo desamor.


Y la historia se repite, sólo cambia el orador,


el que llora es mi hijo, y el ausente un servidor.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Empezar del lado de la Sombra




Es curioso pero uno de los motivos del por qué estamos en este mundo es para corrompernos. Sí…, leíste bien, venimos a contaminar nuestra esencia que nos va a permitir vivir en el error, o por que no decirlo, en la estupidez, o decirlo mejor: en el arquetipo de la Sombra. Empezar en un mundo animal que sólo se preocupa por sobrevivir y reproducirse, en donde no somos conscientes de nosotros mismos. Iniciamos en el lado oscuro del yo, en la parte negativa y diabólica.

Llegamos a este mundo con nuestro vaso vacío, listo para ser llenado de lo que sea. Nuestro vaso sólo tiene la capacidad receptiva y no selectiva de lo que recibe. Si lo llenan con vino, podremos agradecerle a la vid el placer gustativo de su ingesta, si lo llenan de miel, provocaran una sonrisa en nuestros labios, si lo llenan de acíbar provocaran amargura en nuestro corazón. ¿Y quienes son los encargados de llenarnos ese vaso? Primero nuestros padres o las personas cercanas en los inicios de nuestra vida, después la escuela, la sociedad, los otros en general, nuestro mundo exterior. Claro que lo llenaran sólo de lo que tienen, tal vez no con una acción consciente del efecto que eso traerá, simplemente darán lo que tienen.

Si son ignorantes, dejarán pobreza, si son amorosos dejarán estabilidad, sin son inmaduros dejarán desconcierto, en fin seremos el resultado de lo que los demás nos hayan dejado en ese vaso. En principio no hay posibilidad de resistirnos al embate de la herencia mundana, más tarde es posible, sólo a través de la consciencia. Pero mientras, hemos sido víctimas inocentes de la estupidez. Y así caminaremos ignorantes de nuestra real identidad, cometiendo errores que nos ayudarán a aprender poco a poco, con dolor y sufrimiento.

Hemos extinguido las sociedades sabias de los aborígenes de antes, que enseñaban a sus niños el amor a la madre tierra, la confraternidad de los hermanos, y lo hemos convertido en escuelas modernas que enseñan la competitividad y el “progreso”. Nos titulamos con honores y dedicamos muchos años a ser expertos en la estupidez. Sabemos mucho de tecnología, hemos progresado y ahora vivimos más años, aunque no sabemos de qué nos sirve tener más longevos en una sociedad que los desprecia. ¿No habrá escuelas en donde busquemos calidad de vida, entendiendo calidad como evolución y no progreso? Vivimos ajustados a una sociedad cuyos poderes dominan la convivencia. El poder económico, explota, el poder político, engaña, el poder religioso, mitifica, en pocas palabras el poder crea y mantiene la ignorancia en las masas.

Pero esto no es injusto, tenemos lo que karmáticamente generamos, es parte necesaria de nuestra evolución, es nuestra sombra que nos permite crecer. Tal vez no estemos de acuerdo con la vida que nos tocó, pero es muy probable que no lo podamos cambiar, sólo nuestro interior es sujeto a cambios, porque eso depende sólo de nosotros y de nadie más. Cambiemos nuestra visión de cómo vemos las cosas, cambiemos nuestra actitud de negativa a positiva. Esto no quiere decir que seamos conformistas, sino más bien somos realistas de una realidad que muchas veces no alcanzamos a ver.

Pareciera que evolucionar es aislarse, irse quedando solo, nadar “contra corriente”, aprender a no ser entendido por los demás, es más, a ser repudiado y marcado como loco, si eso es el precio, SOY UN SOLITARIO LOCO MAS.

Es cuanto.

martes, 20 de diciembre de 2011

La navidad es de y para los niños*



Para empezar a escribir sobre el tema de la navidad, independientemente de su significado religioso, me gustaría abarcar el punto, de lo que para cada uno de nosotros ha significado y significa la parte mágica de la navidad. No sé y con temor a equivocarme, podría decir que no hay experiencia más bella en la infancia que la navidad. Yo sé que hay niños que no tienen recursos y que el 25 de Diciembre y el 6 de Enero son días comunes, uno más de tantos, en donde lo único que hay en sus vidas es carencias, pero sin tocar ese tema, insisto, no hay experiencia comparable con la de los niños que esperan ansiosos la llegada de Santa Clos (el niño dios) o los Reyes Magos.

Hagamos un ejercicio mental, vayamos a nuestra infancia, y bueno los niños que estén leyendo este post (que metiches) simplemente vívanlo, pero los adultos, jóvenes y adultos mayores regresemos a esos años en donde nuestra mente y corazón infantil esperaban ansiosos la llegada de los obsequios, de esos tan queridos personajes navideños. Yo recuerdo que lo primero que nos decían nuestros papás es que teníamos que hacer una cartita…

Querido Santa:
Como tú lo saves todo y lo vez todo, no te puedo mentir: ¡No me eportado muy vien! Mi hermana y yo nos peleamos mucho, a mi mamá no la ovedesco y se enoja conmigo, mi cuarto lo tengo muy tirado y me da mucha flojera ir a la escuela. Como ves no soy un niño de exelencia pero como sé que tú lo perdonas todo, pues te prometo que para el próximo año ya me boy a portar vien.

Quiero que me traigas… XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX y XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX, más esto XXXXXXXXXXXXXXXXXX y éstos XXXXXXXX
y además XXXXXXXXXXX bla, bla, bla, bla, etc…

Te dejo unas galletas con un baso de leche porque me imagino que haz de venir ambriento. TQM

Después, algunos ataban la cartita en un globo de gas para que se elevara al cielo, algunos la ponían en el arbolito de navidad, otros simplemente la metíamos en el buzón de correos, otros se la daban a los papás para que fuera entregada a su final destinatario, en fin, muchos procedimientos para hacerles llegar nuestras peticiones.

Los días se nos hacía eternos, constantemente les preguntábamos a nuestros papás si ya era navidad, ¡TODAVÍA NOO!, contestaban, faltan 10, ó 5 o equis días… Por fin llegaba la ansiada fecha, (creo que era el día más largo de la historia). Recuerdo, con chance a equivocarme, que no tenía hambre en la cena, que lo único que esperaba era que todo se acabara, que todo mundo nos fuéramos a acostar para que Santa pudiera llegar. Es curioso, mis papás siempre nos decían que teníamos que irnos a dormir porque si no Santa no llegaría, no se por qué, pero nunca lo vi llegar, es más ni chimenea teníamos, no se como entraba a la casa. Yo me imagino que se materializaba junto con su costal de juguetes, lo único cierto es que el vaso con leche y las galletas desaparecían, señal de que Santa había estado ahí.

El sueño no llegaba y a veces bajábamos a ver si Santa había traído ya los juguetes, (con un fuerte regaño si nuestros papás nos cachaban), hasta que por fin cerrábamos los ojos… En la mañana muy temprano, íbamos por los hermanos para juntos bajar al arbolito. Y por fin: EL MOMENTO MAGICO ESTABA ANTE NUESTROS OJOS. Nuestros corazoncitos brincaban y con nuestras manos arrancábamos enérgicamente el papel navideño de las cajas. Se oían gritos de emoción, ¡MIRA, SI ME TRAJO LO QUE LE PEDÍ!, porque eso sí, que frustración cuando nos traía otra cosa. Si le habíamos pedido una bicicleta y nos traía ropa, ¡QUE HORROR! Una vez visto lo que nos había traído, veíamos lo de los demás. Claro, con tanto grito, despertábamos a los papás. ¡MAMA!, ¡PAPA!, ¡MIRA LO QUE NOS TRAJO SANTA CLOS! En realidad lo más importante es el ingrediente de la magia y no los obsequios. La forma en que CREIAMOS que las cosas se daban. Por ejemplo podíamos comparar los regalos que nos daban nuestros parientes a los que nos dejaba Santa, y no era lo mismo. Creíamos y podíamos jurar que Santa Clos era real, porque lo hacíamos real en nuestra mente. Convertíamos una creencia en realidad, cargada de energía y realismo mágico. Eso es lo que importa.

No hay placer más grande en la vida que ver las caritas emocionadas de los niños abriendo sus regalos. En otro extremo, hay adultos que no tienen hijos ó que simplemente han perdido su capacidad de admiración y de asombro, su capacidad de tocar a su niño interior. ¡Que hueva me dan! (perdón por la expresión, pero queda exacta para la emoción que siento). Bueno llegamos al punto que quería llegar: Los niños son incompatibles con esos adultos o viceversa. NO DEBERÍAN EXISTIR NAVIDADES ENTRE NIÑOS Y ADULTOS INSENSIBLES. Este tipo de especímenes sólo deberían juntarse entre ellos, para hacer lo que sólo saben hacer: beber, comer y chingar.

Por eso insisto: LAS NAVIDADES SON DE Y PARA LOS NIÑOS y los adultos que no han perdido sensibilidad y disfrutan y aprenden de los niños.

Sólo me resta compartirles una imagen del tema:
Los niños ya quieren abrir los regalos que se encuentran alrededor del árbol, unos hasta husmean las etiquetas, pero primero se tiene que cenar. Chin y más chin decían los niños. Cenando muy despacio y tantos ricos platillos tenían que acabar TODOS para poder proceder a abrir los regalos. ¿Ya podemos abrir los regalos?, Nooooo, hasta que acabe tu tío Pepe. El tío Pepe era muy solidario con los niños y cuando oyó eso, escondió rápidamente el plato debajo de la mesa y les hizo señas a los niños. ¿Ahora sí ya podemos abrirlos, ya acabaron todos? Nooooo, se oyó una voz, falta el postre, el cafecito y un borracho de la esquina preguntó: ¿Y no gustan un aperitivo?...

Sólo restó al tío Pepe gritar decididamente: ¡QUE ADULTOS TAN MAMONES!

Dios los bendiga, feliz navidad.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

La longevidad hecha cariño




Mí querida Concha:

Como tu bien dices, 90 años son muchos años, y parece que estás rompiendo el record Guiness en tu familia. No te creas, la longevidad de muchas tías a mi también me asusta un poco, porque parece ser que es hereditario y contagioso. Pero no importa tanto cuántos años tenemos, sino con que CALIDAD los vivimos. Por supuesto que tener 90 años implica padecer achaques; que las rodillas duelen, que ya no oímos bien, que caminamos “patarata”, como tu dices, que cuando nos caemos, lo hacemos como tabla, sin poder meter ni siquiera las manos, que ya se nos olvida todo y en fin una lista muy larga de desperfectos, PERO… no sólo hay que ver lo malo, más bien hay que ver la vida con una actitud positiva. En tu caso, gracias a Dios son muchas las cosas buenas que tienes, por lo que te invito a revisar los 10 valores, que creo son los más importantes en tu vida:

1. EL AMOR
Tienes mucha gente que te quiere - hoy es una muestra de ello -, que no te sienten una carga, como tú muchas veces lo has expresado. Efectivamente en las familias se dan vínculos afectivos entre sus miembros, pero tú te has ganado un lugar muy especial. No puedo hablar por los demás, eso que te lo digan ellos y ellas, pero yo he aprendido a quererte, a necesitarte, a gozar contigo, no sólo los “Juevebes” sino todos los días.

2. EL DINERO
Tienes ingresos que te permiten vivir dignamente y eso hay que agradecerlo. Conozco mucha gente que vive con pensiones de miseria e inclusive tienen la necesidad de seguir trabajando para completar lo de su gasto. También es una ventaja ya no trabajar y dedicar tu tiempo a lo que te plazca: leer el periódico para estar enterada de la vida nacional, leer buenos libros, que a ti que tanto te gusta, ver la televisión, ir a misa, salir a comer, rascarte la barriga, en fin, a veces hasta no hacer nada, también se vale.

3. LA SALUD
A pesar de todo, tienes salud. Tú has conocido amigas y parientes que desgraciadamente han tenido enfermedades graves y terminales y no la pasaron nada bien. La salud es un gran valor que hay que agradecer y gozar. Puedes comer de todo, aunque sea poquito como tú acostumbras, pero de todo. Ves bien. No perdonas tus margaritas, (dos con mucho hielo), y tus cubitas de vez en cuando. Te encantan los postres y las galletas. Todavía puedes moverte sola, y eso te da cierta independencia. Tienes tus visitas al médico, aunque siempre te receten lo mismo y te digan que tu mal es “la bola”.

4. EL HUMOR
Si algo me encanta de ti, es tu sentido del humor. Tienes frases que van a pasar a la historia, como éstas:

“No cabe duda, los viejos nos hacemos cada vez… más pendejos”,
“En verdad estoy muy preocupada, se me está acabando la ropa y…no me muero”,
“Que se cree Dios, ya me dejó de muestra”.
A veces, cuando nos despedimos me dices:
¡Hay nos vemos…las nalgas cuando nos bañemos!
No cabe duda, el humor te hace más sabia cada día y eso yo lo festejo mucho.

5. EL HOGAR
Tú casa en la Escandón. Un rincón que huele a historias. Las fotos colgadas del tendedero, y los cuadros de los parientes añejos en la pared, como si nos miraran silenciosos. Todavía quedan vestigios de la Maye, en sus calcetines de navidad, en sus casitas, en sus adornos del librero, en sus perros de Colima frente a la chimenea, en el olor de sus recetas que todavía hace doña Estela. Contar con una casa propia es un gran logro. Tener esas “cuatro paredes” que nos arropan con amor, que nos esperan incondicionalmente siempre, es una bendición.

6. HISTORIAS QUE CONTAR
Tienes muchos recuerdos que nos compartes en tus historias; La Colima de tu niñez, tus papás (nuestros abuelos), tu hermano Andrés y la fabrica de cintas, tus novios, tu primer trabajo en la línea aérea, tu venida a México, tus miedos y temores y muchas anécdotas más; que como dice mi hermano Andrés, es necesario conocer nuestras raíces para conformar nuestra identidad.




7. LOS JUEVEBES
¿Por qué lo llamo, los Juevebes? Hace muchos años viví en el Estado de Guerrero, en donde es costumbre, los jueves, comer pozole y beber Mezcal. Acá con Concha ni comemos pozole ni bebemos mezcal pero nos juntamos los jueves a comer y a beber. Se ha hecho una tradición familiar, una hermosa costumbre que desde hace mucho tiempo los jueves son de y para la tía Concha.

8. DOÑA ESTELA
Siempre andas diciendo que ojala no se muera primero una parienta tuya porque entonces Doña Estela dejaría de ir contigo. Esperemos que esto no suceda y de cualquier forma, te garantizo que nunca te quedarás sola. Ella ha sido para ti tu acompañante, tu apoyo, tu cocinera (que por cierto lo hace muy rico), tu bastón; y hablando de este tema, recuerdo una bella película llamada “El chofer de la señora Daisy con Morgan Freeman y Jessica Tandy, que te obsequio en este momento.

9. DIOS
Tienes a Dios en tu vida, que te acompaña y que te cuida. Yo sé que no eres fanática de la religión pero con los años uno va necesitando asirse a lo sobrenatural.

10. ME TIENES A MI
Con los años he aprendido a quererte, a gozarte y creo yo hasta necesitarte. Por alguna razón me he dedicado a estar con las personas de la 3ra. Edad y tu has significado un ejemplo para mis alumnas;…Que mi tía Concha tal cosa,…Que mi tía Concha dijo esto, es más, ya todas te conocen aunque sea de oídas. Te repito, siempre dices que te sientes una carga para los demás, pero esto no es cierto. DEJATE QUERER, APAPACHAR, eres parte importante de la familia, eres parte importante de mi vida. Hoy no podría estar en ninguna parte más que aquí, festejando contigo tus 90tas.

GRACIAS CONCHA POR SER QUIEN ERES

Tu sobrino que te quiere

sábado, 12 de noviembre de 2011

EL KARMA



Que útil saber del Karma, debería ser una materia obligatoria en las escuelas, creo yo desde la secundaria o prepa, en lugar de tantas materias que no nos sirven para nada, o que con el tiempo terminamos olvidándolas. Por eso quiero compartirles un poco sobre el tema, para que vean lo interesante que es.

Pero antes de empezar, es necesario hablar de las Leyes Universales. A diferencia de otras leyes, las Universales YA ESTABAN HECHAS desde antes de que el primer hombre apareciera en la tierra. Para ello no hubo necesidad de un poder legislativo humano que las hiciera. Estemos de acuerdo o no, nos parezcan justas o injustas, las Leyes Universales están hechas para explicarnos como funciona la vida, ¡PUNTO! Ahora, lo importante es conocerlas, entenderlas y vivir con ellas como parte de nuestro desarrollo. Las Leyes Universales nos dan Fuerza, Eficiencia y Serenidad.

Según El Kybalión existen siete principios o Leyes Universales, que son:

1. Mentalismo. El Todo es mente; el universo es mental.
2. Correspondencia. Como es arriba, es abajo. Este principio se manifiesta en los tres Grandes Planos: Físico, Mental y Espiritual.
3. Vibración. Nada está inmóvil; todo se mueve; todo vibra.
4. Polaridad. Todo tiene dos polos. Es un par de opuestos: los semejantes y los antagónicos son lo mismo, son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado, los extremos se tocan, todas las verdades son medias verdades, todas las paradojas pueden reconciliarse.
5. Ritmo. Todo fluye y refluye; todo tiene sus períodos de avance y retroceso, todo asciende y desciende; todo se mueve como un péndulo; la medida de su movimiento hacia la derecha, es la misma que la de su movimiento hacia la izquierda; el ritmo es la compensación.
6. Causa y Efecto. Toda causa tiene su efecto y viceversa; todo sucede de acuerdo a la ley; la suerte o azar no es más que el nombre que se le da a la ley no reconocida; hay muchos planos de causalidad, pero nada escapa a la ley.
7. Genero. Todo tiene su principio masculino y femenino; el género se manifiesta en todos los planos.

Aparte de estos siete principios encontramos la Ley de Acción y Reacción (Karma), que será nuestro tema de hoy.

En la vida todo tiene una razón de ser y el Karma es una energía trascendente que se deriva de los actos de las personas. Todo lo que hagamos tiene una repercusión, querámoslo o no, por eso venimos a esta vida a APRENDER. La vida es una gran escuela, en donde cursamos las “materias” que requerimos para la evolución de nuestra alma. Pero no son materias como las conocemos en la escuela: “Química II, Biología, Inglés, Modelado, etc. sino temas que debemos trabajar más, dependiendo de nuestra circunstancia de vida: Tolerancia, Soberbia, Avaricia, Alegría, etc. Todos tenemos una lección principal que aprender y a través de nuestras condiciones de vida distinguiremos las “materias” que nos toca cursar. Por ejemplo, los soldados y la gente bélica están aquí para aprender a VALORAR LA VIDA.

Nuestra vida la vamos haciendo de EXPERIENCIAS que nos hacen crecer y evolucionar. Creemos que la sola edad nos da experiencia, pero no, porque si no tomamos CONCIENCIA de lo que vivimos, la vida se pasa como en blanco. Acuérdense del poema de Jaime Sabines de la Tía Chofi. Una persona de experiencia es una persona sabia, y lo único que nos llevamos con la muerte, es la experiencia, que se va acumulando con las múltiples reencarnaciones de nuestra evolución. La experiencia nos da conocimiento de sí mismos.

El Karma es un aprendizaje que se libera cuando aprendemos la lección. No es un castigo, ni un juicio divino, ni un pecado, ni es nuestro destino. El Karma origina una armonía entre lo inevitable y el libre albedrío, dándonos una mayor salud mental y autoresponsabilidad. Nada esta preestablecido, todo es un hecho secuencial que surge de sus antecedentes. Conocer el Karma es comprender el juego de la vida.

La palabra Karma viene del sánscrito y quiere decir ACCIÓN. Pero no implica solamente las acciones, sino también las palabras y los pensamientos, o lo que es lo mismo, LA INTENCIÓN. Para escaparnos del condicionamiento del Karma, hay que aprender a evolucionar, a respetar las leyes universales, a volver a nuestra naturaleza superior, dejando el ego atrás.

Lo que siembres, esa será tu cosecha. A toda acción hay una reacción. Por ejemplo: “…Cuando se le paso el enfado, reaccionó y nos pidió perdón”. El Karma es la Ley del Crecimiento Psicoespiritual, es un proceso que asegura la evolución de la conciencia. El Karma es una serie de engranes donde una acción genera una cadena de acciones.

Estamos acostumbrados a relacionar el Karma como algo malo (castigo), pero cuando lo superamos, el Karma se convierte en evolución positiva. Es una ley que actúa como boomerang, nos devuelve lo que le damos.

El Karma no produce dolor, sino nuestra perspectiva es la que crea el dolor. La vida es cíclica y cada cierre nos abre un nuevo ciclo de oportunidad y crecimiento. Todo es cuestión de perspectiva, ¿Tú que eliges?

Siempre estamos buscando cosas fuera de nosotros mismos, y perdemos una cantidad de tiempo jugando con las reglas del ego. DESPIERTA, encuentra el sentido de vida en tu interior, verás que este nuevo juego es más divertido.

Es cuanto.

sábado, 15 de octubre de 2011

MI OTRO YO - EL CASTOR



Es curioso como puede motivarnos una película, o mejor dicho como una película puede hacernos reflexionar sobre ciertos aspectos de la vida. El séptimo arte, como suele llamarse, y los seis artes restantes (Música, teatro, pintura, arquitectura, literatura y escultura), nos ayudan a acercarnos a nuestra sensibilidad, a nuestra percepción del valor de las obras de arte y su disfrute.

¿Qué haríamos los seres humanos sin el arte? Moriríamos sin remedio en la locura de la nada. El arte es una forma de comunicación, es la quintaesencia de la expresión humana. Un hombre que no se expresa es un silencio que llora. Expresar los sentimientos es entender la naturaleza del corazón. No sólo caminamos ayudados por la mente, los sentimientos nos ayudan a traducir el lenguaje de la poesía, para darle un toque de belleza.

Hay un camino que nos hace transitar en el sentido de nuestra existencia y es el camino de nuestra evolución. El proceso de cambio que nos abre las posibilidades infinitas de vivir en sintonía con el Universo. Conectarnos en la misma frecuencia de vibración para que se de la resonancia con el mundo. No podemos deambular desconectados, seríamos tristes zombies inertes. Necesitamos sentir que la vida nos coloca en el escenario de la pasión, de la creación, de la evolución misma.

Hablar de vibración es hablar de conexión y la película de Jodie Foster, titulada al español: “Mi otro Yo” con el nombre original del “Castor” me movió mi punto de creación y emoción. Empezaré transcribiendo una nota explicatoria para que todo “mortal” trate de entender el por qué de la presencia de la marioneta:

HOLA
ESTA PERSONA ESTA POR
PRESCRIPCIÓN MÉDICA BAJO
LOS CUIDADOS DE UNA
MARIONETA. POR FAVOR,
TRÁTELO COMO HARÍA
NORMALMENTE, PERO
DIRIJASE A LA MARIONETA.

Water Black (Mel Gibson), está sumido en una profunda depresión. Su vida se viene abajo y ni su mujer (Jodie Foster) ni sus hijos saben cómo ayudarle. Un día, ya el límite de la desesperación, encuentra una marioneta con forma de castor en un cubo de basura. A partir de ese momento la vida de Walter da un giro radical…

Tal vez mucha gente que la vio no capte el sentido de la marioneta o se le haga ridícula e infantil la forma en que Water tenía que comunicarse con los demás, a través de ella. Pero…observen que el Castor significa su otro yo, porque el que tenía se le murió. Todos los seres humanos tenemos dos yos. Uno es el que vamos formando a través de nuestra vida llamado Ego, quién se podría decir que no es nuestro realmente, que suele morir cuando no le damos chance al otro Yo de aparecer. El otro y más importante es nuestra alma, lo que realmente somos.

Solemos los mortales criticar y hasta encerrar en instituciones psiquiátricas a los que se atreven a expresarse y vivir a través de su otro yo (El alma). Claro, crecimos desarrollando un yo (Ego) completamente contrario al otro, por eso los tachamos de locos. Observen las cualidades que tenía el Castor: Era amoroso con su familia, productivo en su empresa, permitía sacar a su niño interior que se comunicaba con su hijo menor, su libido trabajaba al cien por hora, en fin todos lo adoraban, menos su hijo mayor, por ciertas razones que veremos después.

Water estuvo a punto del suicidio y su otro yo (el Castor) lo salvo. Claro que lo más sano es integrar a los dos yos. Los seres humanos somos duales, siempre vivimos un mundo bipolar (una cosa siempre va acompañada de su contraria). El Yo prestado (Ego) tiene a su contrario (Alma), pero en realidad no son contrarios, son complementarios. Por eso cuando Water se ve imposibilitado para integrarlos, en la desesperación se corta la mano.

El hijo mayor adolescente se vivía entre el amor y el odio hacia su padre, rechazaba su locura porque le daba miedo entenderla, situación que al final se resuelve favorablemente.

Algunos nos vivimos con una marioneta-castor como testigo de nuestras locuras. Nos atrevemos a ser realmente nosotros, a decir lo que no nos parece, a poder liberarnos de un ego que sólo nos sirvió al principio, cuando no teníamos consciencia. Dejemos que nuestro castor exprese libremente lo que realmente somos, vale la pena intentarlo.

Es cuanto.

sábado, 3 de septiembre de 2011

MI YO INTERNO



Al preguntarme qué escribo, se abre un diálogo con mi interior, que es el que sabe, porque el otro sólo pierde el tiempo pensando a veces cosas de la vida. El de adentro vive como callado, sintiendo las vibras y notas de una música que le pone sabor a la fiesta. Es un incondicional, viejo sabio que no tiene edad, sólo dulzura y encanto. Yo lo admiro, porque a lo largo de las vidas se ha hecho más natural, como un bosque dueño de sus caminos. No lo siento como mi padre, más bien como un padrino que me cuida, no por paternidad obligatoria sino por cariño fraterno.

Lo siento tan tierno, tan presente, tan mío y de todos, que pocas veces me he sentido solo. Ni siquiera tengo que llamarlo, estamos conectados como en una energía mutua, que solo me basta con callar mi intelecto para escucharlo. Él me abraza con su compañía en esas tardes lloviosas, cuando siento la necesidad de su calor y también acaricia mi vulnerabilidad sin ni siquiera pedírselo.

Somos compañeros de viaje que compartimos todo, desde ese cadencioso danzón a la orilla del mar, hasta esas muertes que duelen el alma, pasando por múltiples sinsabores y desengaños. No me dice nunca a donde ir, ni que comer, ni que decir, sólo me deja ser, sin criticar mi actuar. Su mirada es incluyente y aceptante, más que respeto… es amor. Me ama con sus manos, con sus abrazos, con su paciencia, con su sabiduría, con su ternura, con sus silencios también me ama.

Estoy menos tiempo del que yo quisiera con él, pero así me basta para sentirme lleno de su presencia. Es mi gurú, mi guía, mi compañero, mi sombra, mi historia, mi todo. No podría explicar mi existencia sin él, el camino estaría vacío, triste, pesado y sin sentido.

Que tristeza más grande es oír que alguien no lo conoce, que vive solo. Que soledad tan triste es no conocerlo y tenerlo dentro, en casa. Siempre necesitar por fuera a un sustituto que jamás lo llenará. Morir de locura por esa soledad tan sola que triste deja. Pero, ¿Cómo presentarlos?, ¿Cómo poder nacer ese encuentro necesario? No contar con él es vivir muerto, caminar sin rumbo y solos, con un sin sentido.

Fallamos en la misión cuando no encontramos a nuestro yo interno, morimos antes de nacer solos, tristes y olvidamos, sin saber que él nos conecta con la vida, con el universo, con Dios. Lo que tal vez suceda es que no sabemos escuchar, no sabemos percibir que hay alguien más en nosotros porque nos creemos únicos. Despertemos de nuestro egoísmo adolescente, dejémonos de quejar de nuestra soledad y vayamos en su búsqueda por nuestro interior.

Es cuanto.