sábado, 3 de septiembre de 2011

MI YO INTERNO



Al preguntarme qué escribo, se abre un diálogo con mi interior, que es el que sabe, porque el otro sólo pierde el tiempo pensando a veces cosas de la vida. El de adentro vive como callado, sintiendo las vibras y notas de una música que le pone sabor a la fiesta. Es un incondicional, viejo sabio que no tiene edad, sólo dulzura y encanto. Yo lo admiro, porque a lo largo de las vidas se ha hecho más natural, como un bosque dueño de sus caminos. No lo siento como mi padre, más bien como un padrino que me cuida, no por paternidad obligatoria sino por cariño fraterno.

Lo siento tan tierno, tan presente, tan mío y de todos, que pocas veces me he sentido solo. Ni siquiera tengo que llamarlo, estamos conectados como en una energía mutua, que solo me basta con callar mi intelecto para escucharlo. Él me abraza con su compañía en esas tardes lloviosas, cuando siento la necesidad de su calor y también acaricia mi vulnerabilidad sin ni siquiera pedírselo.

Somos compañeros de viaje que compartimos todo, desde ese cadencioso danzón a la orilla del mar, hasta esas muertes que duelen el alma, pasando por múltiples sinsabores y desengaños. No me dice nunca a donde ir, ni que comer, ni que decir, sólo me deja ser, sin criticar mi actuar. Su mirada es incluyente y aceptante, más que respeto… es amor. Me ama con sus manos, con sus abrazos, con su paciencia, con su sabiduría, con su ternura, con sus silencios también me ama.

Estoy menos tiempo del que yo quisiera con él, pero así me basta para sentirme lleno de su presencia. Es mi gurú, mi guía, mi compañero, mi sombra, mi historia, mi todo. No podría explicar mi existencia sin él, el camino estaría vacío, triste, pesado y sin sentido.

Que tristeza más grande es oír que alguien no lo conoce, que vive solo. Que soledad tan triste es no conocerlo y tenerlo dentro, en casa. Siempre necesitar por fuera a un sustituto que jamás lo llenará. Morir de locura por esa soledad tan sola que triste deja. Pero, ¿Cómo presentarlos?, ¿Cómo poder nacer ese encuentro necesario? No contar con él es vivir muerto, caminar sin rumbo y solos, con un sin sentido.

Fallamos en la misión cuando no encontramos a nuestro yo interno, morimos antes de nacer solos, tristes y olvidamos, sin saber que él nos conecta con la vida, con el universo, con Dios. Lo que tal vez suceda es que no sabemos escuchar, no sabemos percibir que hay alguien más en nosotros porque nos creemos únicos. Despertemos de nuestro egoísmo adolescente, dejémonos de quejar de nuestra soledad y vayamos en su búsqueda por nuestro interior.

Es cuanto.

viernes, 26 de agosto de 2011

EL PERDON Y LA RESILIENCIA


Cap. 2

Tiempo atrás Odin Dupeyron se planteaba la incógnita del perdón hasta convertirla en una obsesión. Al principio pensaba que era una forma de olvidar los agravios, aunque no estaba muy convencido de ello. Después pensaba que al perdonar se liberaban ambas partes del conflicto, cosa que tampoco es del todo cierto, porque el único que se libera es el que perdona, el otro puede estar ni enterado. Encontró que al perdonar uno se libera de la culpa y el odio. Al avanzar en el tema deduce que el perdón no existe, que existe la comprensión. Llegar a ella cuando podemos decir: “Comprendo que me diste una lección, gracias por ello”.

Claro que al leer esto muchos de ustedes dirán que es una estupidez,…todavía que me hacen algo, yo se los tengo que agradecer, ¡nomás eso me faltaba! Pero esta actitud encierra parte de verdad, por lo que voy a ampliar el tema del perdón.

¿Por qué siento rencor por algo que me hicieron en el pasado? ¡Ojo!, ya fue, se quedo como un sentimiento de hostilidad contra alguien. No fue resuelto en su momento y esa falta de asertividad nos produce un sentimiento frustrado, un incómodo pendiente que se queda en el inconsciente y puede detonar una enfermedad. Cuando logro ser asertivo ya no tengo la necesidad de perdonar porque no me sentiré ofendido. Pero lograr esa asertividad suena como en chino, como utópico, irreal pero en verdad si es posible, aunque la mayoría de nosotros no aprendimos el cómo hacerlo.

Como vemos, el tener que perdonar es una necesidad, entre otras cosas, de salud emocional. No tiene nada que ver las cuestiones religiosas o altruistas en el asunto, ni tampoco podemos perdonar a medias.

Muchas veces malinterpretamos el perdón y lo entendemos como simplemente olvidar algo desagradable, o pensamos que implica la reconciliación con el ofensor, o creemos que él “se saldrá con la suya” si le pedimos perdón. En realidad al no perdonar le doy valor al odio, a la ira y al miedo. Nuestro ego es el que no perdona por las siguientes razones:

- Merece esa persona que la odiemos.
- Si perdonas te harán otra vez lo mismo.
- Eres una persona débil si perdonas.
- Perdonar equivale a que le concedas la razón.
- Creemos que perdonando baja nuestra autoestima.
- No perdonar equivale a controlar a la otra persona y te da poder.
- No perdonar mantiene una distancia con la persona que te hirió.
- Si perdonas, piensan que estás de acuerdo con lo que hicieron.
- Si la culpa es del otro, ¿por qué perdonarlo?


El perdón es para uno. Perdonar no es recomponer el pasado, nos libera de él. Perdonar nos permite dejar de reciclar la ira y la culpa. Hay que cambiar nuestro sistema de creencias que está basado en el miedo. No interpretar el comportamiento de los demás como culpables o inocentes.
Perdonar es el proceso de liberarte de la atadura que te mantiene aferrado a los pensamientos negativos que alberga la mente, de curar tu mente y alma.

Para perdonar hay que tener resiliencia: Capacidad de sobreponerse a la adversidad. Es una adaptación o respuesta positiva, es la entereza más allá de la resistencia. Capacidad de proteger la propia integridad bajo presión y la capacidad de forjar un comportamiento vital positivo pese a las circunstancias difíciles. Posibilita tener una vida sana en un medio insano.

Sin perdón no podemos crecer ni fortalecernos con la adversidad. El perdón nos ayuda contra las enfermedades. Aprender a perdonar puede ayudar a prevenir las enfermedades del corazón (circulación sanguínea, trastornos cardiovasculares, sistemas psicoemocionales). El no perdón desacelera la respuesta del sistema inmunitario.

Hay una relación entre el perdón y la salud. Al modificar nuestra actitud mental podemos perdonar. El ego siempre busca a quien culpar.
Problemas físicos asociados con una actitud rencorosa: Dolores de cabeza, espalda, cuello, estómago, depresión, falta de energía, ansiedad, irritabilidad, insomnio, miedo, infelicidad.

El perdón es un proceso que implica tres etapas:
1. Identificar claramente cuales son los procesos que quiero trabajar.

2. Trabajar (con un profesional), tocando los sentimientos de los cuales me quiero liberar. Por ejemplo: Odio a mi padre por algo que me hizo. Lo primero que tengo que hacer es volver a sentir ese odio, sacarlo, no reprimirlo, reconocerlo. La verbalización es muy importante en el proceso, aunada a una terapia corporal.

3. Una vez sacado (o vomitado) todo lo que traigo adentro, entro en la posibilidad de cambiar mi actitud mental para ver las cosas con una visión más asertiva. Ahora tengo la oportunidad de perdonar. Es como cuando comemos algo que nos hace daño, una forma de curarnos, es volver el estomago.

Hasta la próxima, para tomarnos otro cafecito.

domingo, 21 de agosto de 2011

Compartiendo un cafecito, con Odin Dupeyron







Llegó a mis manos un libro, gracias al patrocinio de mi nuera Ary, porque cuando fuimos a ver las mil representaciones de la obra: A Vivir, de Odin Dupeyron ahí lo estaban vendiendo, se llama: ¿Nos tomamos un café? Y al empezar a leerlo se me ocurrió la idea de compartir su contenido con ustedes. Por cuestión práctica lo dividiré en capítulos. Algunas ideas que comparto de Odín, están desarrolladas con las mías, por lo que espero resulte de su agrado y utilidad.

CAP. 1
Dicen que en el fondo todos somos iguales en espíritu, aunque lo original lo traemos en nuestras diferencias, diferencias dadas por nuestras circunstancias personales. Pero tengo mis dudas sobre lo que Odín habla de una igualdad en el alma, tal vez podemos decir que nos pone en un estado consciente y evolutivo, pero no en un estado de igualdad. La polaridad de ser iguales y diferentes se da en la dualidad humana, al morir volvemos a ser todos uno, para después volver a encarnar y ser diferentes y así sucesivamente hasta que Dios se quede solo. Porque el único espíritu es el de Dios, el de nosotros sólo vive de su reflejo y al llegar finalmente a casa, la fusión se da con nuestra muerte.

Pero qué pasa cuando todos lleguen nuevamente a casa y Dios ya no tenga que esperar a nadie. Ya no dejará prendida la veladora en el pasillo -significando que la luz ilumine los caminos para un buen regreso- todos estarán ya en casa, aunque muertos. No sé si Dios sienta nuevamente la necesidad de necesitarnos y vuelva otra vez el ciclo a comenzar. ¿Quién necesita más de quién, Dios de nosotros o nosotros de Él? Venimos todos del mismo origen y terminaremos en el mismo lugar. Entender el regalo de Dios de compartirnos su grandeza y dejar que la gocemos, aunque sea en nuestra entupida ignorancia, es tal vez lo único que importa.

Una diferencia de lo diferente es el cómo lo expresamos, el cómo nos manifestamos sobre puntos que suenas iguales para todos. “El placer de hacer el amor amando”, nos acerca a la experiencia divina de la no dualidad. Somos a la vez tan distintos pero a la vez tan iguales y estamos aquí para compartir una efímera estancia terrenal.

Por qué no entendemos que las diferencias nos enriquecen. En el fondo defendemos la idea de ser todos iguales, todos jodidos, todos pobres, todos ignorantes. Que no destaque nadie, porque la envidia nos hace más entupidos. ¡Abajo los ricos!, ¡Abajo los inteligentes!, ¡Abajo los guapos!, ¿Por qué abajo, que no puede alguien estar “arriba”, bueno no arriba, pero ser diferente? Dejemos eso de abajo y arriba para las parejas, en fin que cada quien se acomode como pueda. Pareciera ser que hay una fuerza de las masas que no tolera a los diferentes, a los que destacan. La sociedad nos hace competir porque según ella, si no somos competitivos no somos exitosos.

Venimos a aprender que lo que se da en el ego es sólo una prueba, que si no la superamos, jamás tocaremos nuestra esencia. Seremos un producto del engaño y viviremos en la oscuridad de las identificaciones, de la necesidad de competir para tener éxito, de la necesidad de contar con un guía que nos lleve por el camino “correcto”, de no darnos cuenta que nos lavaron el cerebro para no ser lo que somos. Aprender a darnos cuenta que lo que nos enseñaron es lo primero que tenemos que tirar a la basura, matar un ego inquilino en nuestra propiedad es nuestra misión.

Lo valiosamente compartible son nuestras experiencias personales, propias, sólo nuestras. Dejémonos de impresionar por los gurús, por los “líderes” espirituales, como los papas, por los elegidos, por los que hablan con dios, por los académicos de muchos títulos, porque en ellos nunca encontraremos nuestra historia. Aprendamos a reírnos de lo formal, a dejar de tomar la vida tan personal, es tan corto este viaje que no vale la pena hacerlo de esa manera.

Aprendamos el camino de la libertad para crear un ser interior, que es nada más y nada menos, nuestro yo. Siempre nos damos cuenta de ello cuando es demasiado tarde, cuando el reloj marca las diez para la hora. No dejemos que “nuestras” creencias nos invadan, porque finalmente llegaremos a ser lo que creemos ser, mejor dejar que sean las verdaderamente nuestras las que nos hagan ser lo que somos.
Dupeyron habla no del significado literal de la palabra igualdad, sino del ser uno cuando se vibra en la misma frecuencia. El gran problema de la modernidad en la sociedad actual es la existencia de una gran variedad de frecuencias, cada quién trae la suya, y no sabemos cómo ponernos en la misma, en sintonía, por lo menos para entendernos un poco mejor.

Por hoy es cuanto

sábado, 13 de agosto de 2011

APRENDER A VIVIR



Nos preguntamos el por qué hacemos las cosas que en retrospectiva las vemos erróneas, o tal vez, si nos preguntaran si las volveríamos a hacer, en algunos casos diríamos que no. Pero lo que ya sucedió tiene una causa. Los “hubieras” no existen. ¿Entonces existe un destino? ¿Lo que nos toca vivir es parte de la Ley del Karma? (algo que uno hace, dice o piensa). Mientras permanezcamos ignorantes, apegados, y con odio, continuaremos creando karma. (Una cosa inevitablemente lleva a otra). ¿Dónde empieza nuestra libertad, nuestra creación? Como dice Joan Manuel Serrat: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”.

¿Han oído hablar de las coincidencias? Para Einstein son las formas en que dios permanece anónimo. Son sucesos que ocurren con otros acontecimientos. Algunos la llaman “buena suerte” que son las oportunidades, más la preparación. Pero para que haya una coincidencia debe haber una intención, que es la base de la creación. La intención es un pensamiento que te ayuda a satisfacer una necesidad cuya finalidad es la realización.

Te has preguntado por qué nacemos en una equis situación. Unos nacen como hijos de reyes o presidentes, algunos nacen hijos de músicos, artistas y de alguna manera se determina el camino que van a emprender. Un ejemplo: Mamá es violinista, papá es pianista, todo el día oye la música, no sólo tiene genes de artista, sino en lo cotidiano le van encaminando hacia ella y es muy probable que termine siendo músico. O por el contrario, alguien nace en una familia en pobreza extrema, con un papá alcohólico y una mamá prostituta, ¿Cuál crees que sea probablemente su destino?

Hemos hablado de un determinismo, referido a la parte genética y ambiental, que marca en muy alto porcentaje como va a terminar la persona. Claro que existen excepciones, como por ejemplo el caso de Don Benito Juárez que nació indígena y terminó presidente de la republica, pero sólo eso son, excepciones. También este determinismo se da en la parte emocional, si mis padres son poco o nada expresivos en los afectos y no hay apapachos y contactos corporales yo voy a aprender a ser igual. Claro que puedo cambiar y ser diferente, pero me va a costar más trabajo que los que ya tienen esas costumbres.

Entonces sigue la pregunta, ¿Por qué nacemos en una equis situación? Esto tiene que ver con las reencarnaciones y los karmas. Debido a estos últimos, organizamos, antes de iniciar otro ciclo de vida, circunstancias que nos enfrentan con nuestros karmas. Nada es casual, todo está pre-determinado para que en este nuevo escenario se den las condiciones, y con nuestra libertad e inteligencia podamos resolverlas. Hay que aprender a observar este escenario; estudiarlo detenidamente, descubrir la misión que nos toca realizar y ésta tiene que ver mucho con nuestras habilidades.

Y volviendo al principio, sobre la vida que hoy me tocó vivir, no porque decidiera concientemente el rumbo, sino al verla en retrospectiva hoy a casi mis sesenta años, ya no me preguntaría si la volvería a vivir, simplemente la viví y con eso basta. ¿Qué me dejó ese rumbo? Me cambió la vida. Aprendí a llorar con las palabras que llevan dulzura, a caminar descalzo junto al mar y dejarme acariciar por las olas. Aprendí a dejarme llevar por la armonía que enlaza los acordes de la vida. Aprendí a escuchar el dolor ajeno y a cobijarlo sin prisa. Aprendí de mis nietos a jugar con ellos y con el niño que llevo dentro. Aprendí el idioma humano del limpiar una lágrima y abrazar con ternura una flor. Deje en el camino mi arrogancia y sólo me quede con la fuerza necesaria para querer. Aprendí a perdonar los errores de mi torpeza. Deje el ego arrumbado en una esquina en la noche de nadie, y empecé a descubrirme con el asombro infantil de un gozo. Descubrí en la risa un desahogo que liberó mi realidad. En el dar aprendí a llenarme de satisfacciones, y saberme útil.

Aprendí a ver que soy dueño de mi visión, que soy dueño de mis sueños. Aprendí lo que se tiene que aprender en la vida, porque el aprendizaje es un camino interminable que no cansa. Hoy puedo contestarme, ¿Qué me dejó ese rumbo?: APRENDÍ A VIVIR.

jueves, 28 de julio de 2011

Adiós mi querida Ana Julia


Ayer fui a una despedida, pero no de soltera, fue a un adiós para una tía muy querida. Se llamaba Ana Julia Pirsch Mirus y desgraciadamente en sus últimos tres o cuatro años, la enfermedad la acompañó sin tregua. Esa ya no era vida, recluida en su casa y conectada al oxigeno las 24 horas el día, y con su esposo enfermo al lado. Yo creo que la mayoría de la gente no le tememos a la muerte, sino a la enfermedad. Cuando de oídas nos enteramos de muertes estando dormidos, morir por un infarto fulminante, en una corta y rápida enfermedad, o algo parecido, nos dan ganas de terminar así, es como alguien decía: “…y se fue, como cuando una vela se va apagando poco a poco”, pero desgraciadamente con mi tía no fue el caso. Cuando me enteré del fallecimiento, hasta di gracias a Dios porque había terminado su sufrimiento.

Hoy en día se vive muy longevamente, tengo parientes y amigos en los noventa, que cuentan que sus padres murieron a los sesenta y tantos años, una diferencia, en sólo dos generaciones, de aproximadamente treinta años. Treinta años que hoy tenemos que aprender a vivir en circunstancias a veces un tanto desfavorables. Porque sabemos que no siempre viviremos con una pensión desahogada, en una casa propia y con salud razonable. Es probable que un bastón nos acompañe y si bien nos va, hasta un hijo o quizás un sobrino. Sienten los mayores que causan molestias y lástima, porque hoy en día la vida se vive con rapidez, belleza y juventud, y los viejos no tienen cabida en este escenario. Creo que en parte tienen razón, la sociedad en su mayoría los hemos hecho sentir así, sin darnos cuenta que todos vamos para allá.

Vamos a “borrar” por un momento estos cuatro años de Ana Julia y vayamos al pasado, con una Ana Julia alegre, intensa, activa, inteligente, visionaria, amorosa, una gran mujer. Hay un sentimiento muy bello que se llama admiración, y yo lo tuve por ella. La admiré como persona, como mujer (adelantada a su época), como ejecutiva (con una carrera exitosa en la Ford), como viajera y como tía.

Ana Julia tuvo un papá alemán (Pisrch) y debido a esto pudimos conocer y vivir una tradición de la cultura germánica llamada “El Conejo de Pascua”. Yo no lo sabía, (me lo dijo la Enciclopedia Wikipedia) pero existe una leyenda cristiana infantil sobre este conejo: Cuando Jesús estaba en el sepulcro, un conejo se había metido asustado a la cueva con él, por el gran alboroto que había. Permaneció ahí hasta que finalmente presenció la resurrección de Jesús. Como él sabía que el huevo era el símbolo universal de la vida, empezó a pintar muchos de ellos y a esconderlos en los matorrales, bosques y praderas para que los niños los encontraran y supieran de la resurrección de Jesús. Por cierto que esta leyenda Ana Julia no se la sabía, ya que hasta de grande nos comentó que iba a buscar el significado de los huevos de pascua. ¡Ya lo sabes Ana Julia!

En mis tiempos quien hacía las veces del conejo pintor, era principalmente mi papá. Meses antes del Domingo de Pascua se juntaban cientos de cascarones de huevo para ser pintados de diferentes colores y figuras. Fue bonito porque se juntaba toda la familia y cada uno hacía sus “obras de arte” con los cascarones. Una vez pintados, se llenaban de dulces y con pegamento se cerraban con papel de china de colores. Como a la fiesta acudíamos varias familias la cantidad de huevos que se juntaba era impresionante. Ana Julia decoraba canastas para que los niños pudieran recolectar los huevos. Los grandes, escondíamos (creo que un día antes), todos los huevos en el jardín. Los colocábamos en las enredaderas, en los árboles, hasta en la casa de Troy, un enorme perro pastor alemán que Ana Julia tenía y la verdad me daba miedo.

Se ponía un listón rojo cerrando la entrada al jardín, para que los niños no pasaran, antes de la apertura oficial hecha por Ana Julia. Con ojitos buscones, permanecían sin entrar descubriendo el sitio en donde algunos visibles huevos resaltaban. ¡Mira ahí hay uno!, ¡Ya vi otro!, ¡Mira otro en el árbol!, ¡Papá mira!, me ayudas a subirme, se oían las voces infantiles deseosas de ya poder entrar. Ana Julia los formaba por tamaños y edades: ¡A ver niños, primero los chiquitos!, ¡No empujen!, ¿Quien falta de canasta?, ¡Yo!, gritaba un pequeñín. Los papás fotógrafos haciendo su trabajo reporteril, y hablando de fotos, Ana Julia era una excelente fotógrafa. Era una gran fiesta que nunca olvidaremos, Los niños medianos y grandes corrían a tropel para ganar la mayor cantidad de huevos, a los pequeños los papás los ayudaban. Todo mundo corría de un lado para otro buscando los coloridos huevos. Había premios para todo, (que Ana Julia compraba previamente). Premio a quién más huevos juntara, premio a quien pintaba los más hermosos, que por cierto yo alguna vez gane. Terminada la recolección, los niños se sentaban en el pasto para presumir su botín y empezar a comerse los dulces. Las niñas con sus vestidos almidonados y zapatos de charol, los niños sin fijarse en su atuendo departían alegres su triunfo.

Después seguían divertidos concursos entre niños, niñas, papás y mamás e hijos, entre papás, de saltos en sacos, salto de altura, pasar por debajo de un palo, jalar la cuerda, y por supuesto cada ganador o ganadores se llevaban bonitos premios. Los gritos y porras acompañaban la competencia, ¡Órale papá tu puedes échale ganas! , los papás se esforzaban tanto que algunos de ellos caían por el esfuerzo. Como ven la diversión era en grande. Después seguía la comida, para los niños hot Dogs, hamburguesas, papitas fritas y para los adultos no me acuerdo. (Yo era niño pre-adolescente).

Y como nada dura para siempre, llegaba su fin, los niños contentos, aunque cansados, no se querían ir, algunos bebés caían dormidos, la tarde dejaba pasar la oscura noche y cada quien enfilaba a sus casas. Sólo quedaba una sensación: esperar nuevamente al próximo año, para que la fiesta del Conejo de Pascua volviera.

Gracias Ana Julia por regalarnos tan bellos recuerdos.

Ayer junto a una tumba fría y gris, con sólo un pequeño retrato de ella encima, (por no dejar), poca gente en el velatorio, pocas flores (para ser exactos tres) y pocos llantos (para ser exactos sólo cuatro), despedíamos a la tía Ana Julia. Fue una despedida austera, sobria hasta en los sentimientos. Hubiera deseado que miles de conejos hubieran irrumpido en la sala, con canastas de coloridos huevos y esparcirlos por todo el fúnebre lugar. Lo voy a convertir con la magia de mi imaginación (como Alicia en el país de las maravillas) en una realidad coherente, entre lo que ella significó y su frugal despedida.

Adiós mi querida Ana Julia, nos vemos el las próximas pascuas en donde la resurrección nos encontrara de nuevo juntos. Felices Pascuas.

Es cuanto.

miércoles, 13 de julio de 2011

LA MUERTE DE FACUNDO CABRAL (*)



Tantas cosas me vienen a la mente no sólo con la muerte de Facundo Cabral, sino con la forma como sucedió. Claro que acá en México esta forma es la de todos los días, y casi ya nos estamos “acostumbrando” a ella. Hace días comenté en el correo esta lamentable pérdida diciendo que a veces sentía una pena por pertenecer a esta raza humana tan deshumanizada y una amiga mía me comentó o yo así lo interprete, que el Universo es perfecto y que todo lo que sucede está en la mano de dios y que lo que le sucedió a Facundo Cabral estaba ya escrito. Yo puedo entender muchas cosas, y aceptar otras tantas: que los malosos son menos que los “buenos”, y también podría entender que todo lo que sucede tiene un por qué o aparentemente ya está escrito, no lo sé de cierto. Pero acuérdense que somos seres duales, por un lado sentimos felicidad pero por el otro sentimos rabia, enojo, coraje. No estoy diciendo con esto que vivamos aterrizados con estas últimas, simplemente es sentirlas cuando los eventos lo provocan. Eso es ser un ser humano. No podemos estar todo el tiempo con una sonrisa, como si no pasara nada, como decía una ex parienta política: “Cantemos villancicos al Señor”. Imagínense que estamos con un amigo que se le murió un hijo en esas condiciones. No podemos consolarlo diciéndole que ya estaba escrito y que el Universo es perfecto. No se vale, seamos más humanos y démonos cuenta que se necesita más sensibilidad para captar los sentimientos que están viviendo nuestros amigos o cualquier persona. Hay que ser empáticos, ponernos en los “zapatos” del otro y acompañarlo en su dolor, en su rabia, en su momento. Imagínense llegar con el poeta Sicilia y decirle eso, nos manda muy, pero muy lejos, y con toda razón.

La dualidad es una condición humana y de alguna manera, en este mundo, se dan ambos extremos. La Luz y la Sombra. No podemos juzgar que uno sea bueno y el otro malo, para que se de uno, se necesita el otro. Esto no quiere decir que los resultados de estar en uno y otro lado sean los mismos. Creo que el problema no puede ser tratado tan a la ligera. Hay que humanizarnos más y no pensar que sólo con buenos deseos las cosas se van a arreglar.

Por qué no ver que hay cosas que a lo mejor no tienen arreglo, o que simplemente son la consecuencia de una serie de factores que lo desencadenaron. Por ejemplo, lo que está sucediendo en México tiene muchas razones, ¿Por qué el crimen organizado está viendo un terreno fértil para sus “negocios” en México? , ¿Por qué no lo hacen mejor en los Estados Unidos, para estar más cerca de los consumidores? ¿Qué factores originan lo que estamos viviendo?

Yo pienso que esta situación por la que estamos atravesando obedece a muchos factores, como pueden ser:

-Los políticos y las personas de poder, que influyen en la toma de decisiones, están muy alejados de las necesidades de los ciudadanos comunes. Sólo les interesa la lana y el poder.

-No contamos con auténticos líderes carismáticos que guíen a las masas.

-Falta una verdadera revolución educativa que prepare a los alumnos para un mundo mejor y no sólo exigirles que memoricen conceptos y teorías, para que en algunos años, (otros en minutos), se les olvide todo. Hay que enseñarlos a PENSAR y a contar con una sociedad más humanizada. Pero con “líderes” como Elba Esther Gordillo, nunca vamos a cambiar, ni tampoco con “políticos” improvisados como el secretario de Educación Lujambio, que dice que las telenovelas ayudan a la educación, (yo creo que el se educo con ellas, sobre todo con las de Televisa y TV Azteca). Y quiere ser presidente…. (Sin comentarios)

-El sistema económico sólo ve la Macroeconomía, debería ocuparse de rediseñar un esquema que ayude a las familias a vivir dignamente. El secretario de Hacienda dice que alcanza perfectamente para vivir con 6 mil pesos al mes, (como se nota que él no los gana). Y quiere ser presidente… (Sin comentarios). La desigualdad económica es una grosería, hay que ampliar la clase media.

-Los sindicatos han frenado el desarrollo del país.

-El Poder Judicial en México es el poder más corrupto de los que existen, (nada más vean al juez de la película Presunto Culpable y su ratificación en su cargo por otros seis años, ¡Viva México, Ca!…)

-La impunidad es parte del Sistema Político Mexicano, ejemplo: La Guardería ABC, El Gober precioso, las armas de Hank Rhon, el padre Maciel y sus cochinadas, Martín Esparza, líder del SME, etc,etc,etc,etc,etc,etc…

-El Congreso del país no representa a los ciudadanos, el costo de tener a 500 diputados y más de 100 senadores es desproporcionado al tipo de país. Hay que quitar la representación proporcional.

-Etc. etc, etc, etc, etc…


Pero que forma de salirme del tema, mejor creo que voy a cambiar el título del post: “La Realidad Mexicana y sus Consecuencias, vista desde un enfoque dualista – Reflexión provocada por la muerte de Facundo Cabral” (*).

Es cuanto.

martes, 7 de junio de 2011

CRONICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA


Érase una vez una familia que vivía en una pequeña casa de un solo piso al sur de la ciudad de México, en esos años cuando todavía se podía vivir con tranquilidad. Recuerdo que en la casa, las actividades lúdicas se hacían en el patio, adentro se daba lo formal. No se si esto sea la razón del por qué la casa la recuerdo muy oscura y lo único que vislumbro es un baño con una tina con patas. Nos mandaban a dormir muy temprano, con todavía luz de día y como en aquel entonces eran tiempos de obediencia ciega, pues ni modo sea dicho, lo hacíamos sin rezongar.

No sé si también a ustedes les pase, pero mis recuerdos, sin el apoyo de las fotografías, no son muy claros y eso a veces me pone triste por no acordarme de muchas cosas bellas que viví en mi infancia.

Había un evento extraordinario que se daba cada vez que mi papá podía: Ponernos la alberquita inflable. Era todo un rito; Primero, colocar en el piso de cemento, periódico para que no se cortara el fondo de plástico de la alberca. Después, con una bomba manual, la inflábamos, un rato cada uno, claro que mi papá era el que más le daba, hasta que por fin quedaba durita. Y por último, con una manguera la llenábamos de agua. A veces invitábamos a mis primos a nadar en nuestra “piscina”, en esos días cuando el calor nos obligaba a hacerlo. Según unas fotos, fuimos hasta diez o doce niños gozando al mismo tiempo del chapoteadero.

Los recuerdos de los regalos en navidad son muy pródigos, Santa Clos nos quiso y nos quiso bien. Bicicletas, triciclos, muñecas, maletín de doctor con el que nos poníamos a jugar con mis primas. Carritos, juegos de armar que nos despertaron la imaginación y la convivencia. Pobres de los niños de hoy que sólo tienen juegos electrónicos que los hacen sedentarios y hasta veces autistas.

No importaba la marca de las cosas, la mercadotecnia todavía no aparecía en el mapa, y la TV apenas empezaba a desarrollar una insípida programación en blanco y negro que no despertaba interés. Los juegos se daban en grupo, y como nosotros éramos seis, siempre había con quién jugar.

Las cosas importantes las recuerdo en bloques: El patio de mi primera casa que me cobijo mi infancia, la segunda y pequeña casa con tres niveles que fue testigo de mi adolescencia, mis escuelas, las idas a casa de los abuelos y parientes, los viajes al mar de Colima y otros menos frecuentes a un hotel muy bonito en Cuernavaca.

Eso fue algo de la vida en familia de mis recuerdos, la mayoría de éstos podría catalogarlos de agradables, algunos como todo en la vida, no lo fueron tanto. Pero dicen que todo por servir se acaba, o que nada dura para siempre y creo que en las familias se da algo parecido. El concepto de familia termina como en dos etapas: Empieza cuando fallece el primer padre y termina con la orfandad de la muerte del último. Salvo que uno de los hermanos tome la batuta y sustituya el liderazgo de los padres, sino la familia simplemente muere.

Existe un último evento familiar, que en la mayoría de los casos, destroza a las familias. Hablo de las herencias, del reparto mezquino de los trapos, muebles y baratijas. Me pregunto cuántos notarios han sido testigos de los pleitos familiares por las herencias, en donde aparecen parientes nuevos o muy lejanos o simplemente los participantes no guardan compostura en el reparto.

El titulo de este post se lo volé a García Márquez, aunque el contenido de la novela no corresponde con mi historia, pero creo que el enunciado lo dice todo:
“Crónica de una Muerte Anunciada”. Aunque no esperamos la orfandad completa, la muerte ya ronda en la familia. Cada hermano por su lado. Unos se fueron a radicar a otras ciudades y como dice el dicho: “Santo que no es visto, santo que no es venerado”, otros simplemente se alejaron. Claro que en ningún precepto dice que las familias deben continuar unidas, pero cuando uno establece un valor en el concepto de familia, es padre no romper esos lazos.

No podemos luchar contra algo que naturalmente muere, sólo nos resta cada quien en los individual, mantener la amistad, de él o los que queramos.

Es cuanto